Guadalupe Casanovas
AICA/Republica Dominicana
La escultura dominicana contemporánea enfrenta múltiples desafíos, como los altos costos de materiales, la falta de interés de coleccionistas y galeristas, y un currículo académico desactualizado en instituciones como la Escuela Nacional de Artes Visuales y la Universidad Autónoma de Santo Domingo. La producción escultórica requiere más tiempo, espacio y recursos que la pintura, lo que limita su presencia en certámenes como la 29 Bienal Nacional de Artes Visuales (2021) con el 6% de las obras seleccionadas. En la 30 Bienal (2023), sin embargo, un 22% de las obras seleccionadas fueron esculturas, con un incremento considerable. Precisamente en la última bienal, es notoria una evolución de la escultura hacia medios mixtos e instalaciones, difuminando las fronteras tradicionales del arte. Históricamente, figuras como Abelardo Rodríguez Urdaneta, Celeste Woss y Gil, y Antonio Prats Ventós marcaron el desarrollo de la escultura dominicana, especialmente tras la influencia de artistas europeos en 1939. Durante la Era de Trujillo, la escultura se integró a la arquitectura pública, pero esta práctica disminuyó tras 1961. En las décadas de 1970-2000, escultores como Domingo Liz, Gaspar Mario Cruz y Soucy de Pellerano innovaron, mientras que artistas contemporâneos como Juan Trinidad y Raúl Morilla exploran nuevas formas expresivas. En el espacio urbano, obras como el Bulevar de la 27 de Febrero muestran deterioro, pero piezas como Centinela de Morilla destacan por su integración al paisaje. El Museo Bellapart y su Premio de Arte Juan José Bellapart Impulsan la escultura dominicana, promoviendo su visibilidad y desarrollo en un contexto de adversidades.