n° 51 – Ano XVII – Setembro de 2019 ISSN 2525-2992  →   VOLTAR

Internacional

Estructuras cristalinas de Amelia Errazuriz

Quien inventa los objetos es maestro en disponerlos de manera capaz de recibir las luces y las sombras tal y como las desea en su cuadro (Roger de Piles)

Carlos Navarrete – AICA / Santiago do Chile

“De la serie Estructuras”, 2019, Grabado digital intervenido, 40 x 40 cm

Uno de los elementos sobresalientes en el trabajo reciente de Amelia Errázuriz es que el deseo constructivo de la obra marca la génesis de ella, casi a la manera de un patrón de orden matemático, ya que desde el minuto en que la artista empieza a distribuir las pequeñas piezas de madera, el orden modular de ellas guían la forma del trabajo.

Esto se manifiesta en parte por la paciente recolección de restos de molduras que transforma en complejas estructuras bi o tri dimensionales, adentrándose en el territorio de la geometría.

Sin embargo, más allá de todo parentesco visual o formal, lo que verdaderamente interesa en el trabajo de esta artista, formada como arquitecta-, es la construcción de un todo nuevo, que remite a la cristalografía. En sus relieves del 2019, se advierte la notoria característica del cristal, que en su acepción más amplia, nos introduce a comprender su arte debido a que todo cristal es “un conjunto de pequeños poliedros reunidos por sus caras, siendo una red que posee una malla fundamental, bien trazada y diversificada que se caracteriza igualmente por su simetría de traslación, en cuanto de réplica progresivamente en las tres dimensiones.”[1]

Al respecto es interesante reflexionar en la idea de la progresión y su relación con el orden geométrico, porque estas obras sorprenden además por un aura de misterio que resulta de su proceso constructivo: acoplar, pegar y girar.

Lo curioso es que cada uno de estos relieves pone en un primer plano el arquetipo de un diminuto cuadro dentro de un pequeño recuadro y todo ello como resultante de su paciente proceso.  Así, su obra estaría a medio camino entre un modelo de armar y un prototipo cristalino.

“Dar forma al espacio es una sentencia que adquiere radical importancia para releer estas obras, porque en ese deseo suyo por construir a partir de fragmentos…”

De la serie Estructuras”, 2019, Grabado digital intervenido, 40 x 40 cm

Al intentar desentrañar tal condición en sus trabajos recientes, una declaración suya de hace un tiempo puede arrojar luces a este enigma: “mi formación de arquitecto me ha marcado y es mi sello para adentrarse en mi obra: el dar forma al espacio del soporte y en ese camino he abandonado lo representativo y figurativo, abordando un trabajo constructivo de carácter objetual.”[2]

Dar forma al espacio es una sentencia que adquiere radical importancia para releer estas obras, porque en ese deseo suyo por construir a partir de fragmentos, su arte no se detiene en la estética del fragmento diverso, como lo haría un artista cubista o dadaísta del siglo pasado; mucho menos en el juego espacial de las formas flotantes de los grandes constructivistas rusos.

Más bien, la artista se interesa por trabajar a partir de la forma modular de un fragmento del todo incierto, reflejando realizaciones que hablan de una arquitectura como modelo a escala.

En esta lectura el proyecto de arte que Amelia Errázuriz desarrolla está muy en sincronía con la idea del artista contemporáneo como eterno recolector de objetos. Sin embargo, ella rehúye la clásica idea del artista-etnógrafo, ya que en estas obras habitan un cúmulo de referencias a su trayectoria, marcada en sus inicios por una pintura de caballete donde su tema eran los “acopios”, para al fin, arribar a estas construcciones, pasando por un período de investigación de las transparencias y reflejos que otorgan las construcciones en vidrio y espejo.

En sus investigaciones y estudios, ha llegado a una reflexión sobre el objeto encontrado en su última fase de descarte. Vale decir, sus preocupaciones se concentran en trabajar con objetos desechados de una sociedad industrializada, donde el sobrante de moldura no es otra cosa que expresión de un mundo en constante crecimiento y cambio.

“Relieve en Blanco”,  2019, Moldura de madera ensamblada, 96 x 60 x 10 cm
“Relieve Ocre”, 2019, Moldura de madera ensamblada, 96 x 60 x 10 cm
“Desarrollo Explosivo”, 2019, Molduras de madera ensambladas, 140 x 86 cm

“Tal proceso formal recuerda al pintor y escultor norteamericano Frank Stella, con sus relieves de mediados de los años 80, cuando el espectador no sabía si la pintura estaba francamente transformando el espacio, o bien la fuerza de la forma hecha volumen comenzaba a transformar el entorno…”

A modo de ejemplo dos trabajos en formato tondo, fechados en 2018-19, indagan en los conceptos de color y recurrencia a partir de la idea de la acumulación. En cada uno es posible observar cómo los fragmentos de pequeñas maderas multicolores pueblan el territorio circular de soporte para que el espectador se pregunte si está frente a un enjambre de insectos fantásticos o elogiando una sutil composición con trozos de madera en vivos cromatismos. En otras realizaciones es posible advertir su pasión por la geometría en estado errático y no euclidiano. Por ejemplo, en “Desarrollo Explosivo,” los trozos de molduras parecieran viajar de un lugar a otro sólo contenidos por ese eje imaginario que los sostiene y al mismo tiempo los divide. El trabajo en formato bidimensional es, en verdad, una explosión compositiva a la manera de una vía láctea en expansión, lo que provoca en quien la observa, la duda de hasta dónde puede llegar el crecimiento irregular de estas líneas que van erráticamente surcando el espacio.

“Tondo”. I, 2019, Fragmentos de madera pintada y estructura de fierro, 150 cm de diámetro

Tal proceso formal recuerda al pintor y escultor norteamericano Frank Stella, con sus relieves de mediados de los años 80, cuando el espectador no sabía si la pintura estaba francamente transformando el espacio, o bien la fuerza de la forma hecha volumen comenzaba a transformar el entorno. Huber Gasner a propósito de la obra de Stella señala: “repetición e intercambiabilidad, repetición y reversibilidad, constituyen los 2 principios estructuradores de la creación de Stella, matizados una y otra vez a lo largo de la creación de su obra y aplicados a los materiales más diversos. Forman así el hilo rojo de su obra total, que, como sus cuadros, no está marcado por rupturas, sino vivificado por saltos.”[3] Esta sentencia bien puede aplicarse a la obra de Errázuriz en el sentido que estos relieves y trabajos bidimensionales han sido estructurados por certeros saltos formales en el modo de comprender el trozo de moldura como dispositivo articulador de la obra.

Al iniciar esta breve nota sobre el trabajo de esta artista, la cita que la prologa explica, en cierto sentido, su fascinación de recolectar y dar nueva vida a un pequeño elemento con el cual construir cuerpos imaginarios a la manera de un arquitecto, quien en su croquera idea mundos ideales en los cuales habitar. Sólo que en el arte de Amelia Errázuriz ese gesto de recolectar y crear se ha vuelto el pasaporte para explicar su traslado desde la arquitectura a la visualidad plástica.

“Tondo”. II, 2019, Fragmentos de madera pintada y estructura de fierro. 150 cm de diámetro

NOTAS

[1] Simón Marhán Fiz, “La cristalización: una idea estética es transfiguración en metáfora artística” en La Metáfora del Cristal en las artes y la arquitectura. Ediciones Siruela. S.A. Madrid, 2008. Pag. 24

[2] Declaración de la artista. Santiago de Chile (sin data).

[3] Hubertus Gasner, “Frank Stella: Es espacio de las ilusiones habitables.” En Frank Stella, texto para la exposición homónima en el Museo Nacional Centro Reina Sofía. Madrid, 1995. Pp.75 y 76.

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